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sábado, 30 de abril de 2011

POETAS MEXICANOS.


ROMÁN LUJÁN
(Monclova, 1975)



TRIZADURA.


Atravieso el dolor
doy vuelta a la ola del espanto
a esta página de furia carmesí
porque mis venas se cansaron de invocarte
porque mi frente ya no apunta sino al ángulo en
que ondulas la sonrisa
ese pañuelo moribundo

a ciegas lo atravieso
como si fuera una sustancia
gelatinosa
ensayo torpemente el balbuceo
que se obsequia en todos los andenes
y a pesar del invierno
abro los ojos
para que el viento cicatrice tus perfiles

Atravieso el dolor
imbécil
como si el dolor pudiera atravesarse
semejante al que salta por un aro en llamas
y pretende
no llenarse el aura de cenizas
al náufrago que olvida las noches sin respuesta
al divisar la proa

y como nada puedo atravesar
rasgo los muros
con los nudillos de esta voz roída despojada
de obscenos sustantivos
de tu cuerpo
onomatopeya de la luz entre mis brazos
de esta voz que ya no sabe atravesarte
de esta voz en la que sobrevives como un nombre
que desde hoy designa al aire y mi camisa
al espejo y lo que esconde
al café humeante al sacrilegio
del aura sin orillas
a tu silueta
al sol





JAIR CORTÉS
(Calpulalpan, Tlax., 1977)




EN ESE CIEGO IMPULSO.

I

El ojo
sólo está enfermo,
nublado por un tiempo.

En el momento en que todo se ilumina,
deja su ceguera atrás
e inicia el reconocimiento de su verdugo:

muere la neblina
y lo difuso del paisaje.

Así el corazón,
en ese ciego impulso
también sabe detener el galope
y entender el brillo de los cuerpos
aún en lo más oscuro de la entraña.

II
El momento de la ira es un rayo,
un estruendo en el puño que golpea la mesa,
el flujo de las diatribas que rompen los cristales,
el ciclón de la frase y su teoría incomprensible.

La retina se estremece frente a un grito de lumbre.

En ese punto único
el hombre estalla
y es un río,
el salvaje paso de los caballos en estampida.


III
Ni el manto bordado de la castidad
ni los lados perfectos del cuadrado
ni el cuervo en su misterioso vuelo
ni la locura de los ríos al anegar los campos
ni la cópula bajo el velo del matrimonio
ni su juego inútil de rompecabezas
ni la risa del niño que juega con el revólver de la inocencia

No hay nada
que no pueda ser tocado por la ofensa.

IV
Es el rencor la cicatriz,
la herida gana terreno en la memoria
el olfato percibe un extraño aroma a trigo quemado.
¿Quién olvida a su verdugo?
¿Quién puede olvidar el portentoso aguijón del que nos agrede?

La parte que también se hereda es el resentimiento:
el leproso levanta la vista y, en el más pleno de los silencios,
renuncia a Dios.


V

¿Qué hay en los ojos del que odia?

¿Pureza negra?

¿Por qué la luna se aparta de su vista?

¿Qué hay en los ojos del que odia
que todo puede ensuciar con la mirada?




LUIS JORGE BOONE
(Monclova, 1977)




UNA LÁGRIMA.



Muchacha, no sonrías.
No podré decir qué tristes ojos
y eso suena bien.
Haz que tiemblen tus labios arrepentidos
y no alcancen a pronunciar mi nombre.
Mira hacia la puerta como si pasaran los días
sin verme llegar.
Y si extrañaras tal vez un amor perdido…
Mira tranquila
no eres elocuente.

Muchacha, no digas nada.
Déjame imaginar cuánto cabe en el silencio:
que eres de esas niñas
melancólicas cuando llueve,
que escriben cartas de amor y nunca las envían
y cantan bajito
para no llorar en voz alta.

Muchacha, aún no sonrías.
Nos queda el final:
tu cabello inmóvil,
un rumor de gotas,
tu mirar doliente
perdido entre las nubes obstinadas
y una lágrima,
una sola lágrima por todos los poemas
que no podremos escribir
siendo felices.




EDUARDO SARAVIA
(D.F., 1977)


LA DURMIENTE.



Soy el sueño de la mujer que amo:
despierto cuando duerme.
Cierra los ojos y me encuentra,
tendido en una cama, a su costado;
nos levantamos a pasear por donde no hay caminos,
no existen palabras que alcancen al silencio.
La mujer que amo
es una sombra blanca entre mis manos,
la noche desnuda me la entrega.
Sabe que al despertar
morirán las cosas que tocamos juntos,
se perderá lo andado.
No despierta,
pero ya siente que la luz del día
comienza a interponerse entre nosotros,
ya siente que me alejo.





LUIS PANIAGUA
(Guanajuato, 1979)



Sobre la noche
tatuada de relámpagos
oigo llover
oigo a un perro despeñándose
en el abismo de su aullido

Como si no existiera
más que la lluvia
la oscuridad prepara su naufragio
como si no existiera
más que la lluvia
inmóvil y empapada
Afuera está la bestia
de la melancolía.




ÓSCAR DE PABLO
(D.F., 1979)


SANTIAGO.


es martes otra vez/ otra vez llueve
es Santiago de chile y es invierno
tú caminas como un árbol sin sombra
absorta en el silencio/ inexorable
como una sola nota sostenida

es martes otra vez/ otra vez llueve
el cielo enorme nada vientre arriba
triste y azul mucho antes de sí mismo

yo sé que donde estés/ en cualquier parte
será también invierno y será martes
serás agua de estrella desde nunca
serás amarga niebla hasta perderte
y una lengua de sombra ira escribiendo
su música de leche por tus senos.

jueves, 28 de abril de 2011

Arlette Luévano - poesía mexicana.

Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976) es Maestra en Derecho Constitucional y Amparo por la Universidad Iberoamericana. Desde 1997 dirige el suplemento cultural Ananke del diario Página24. Forma parte del comité editorial de la revista Parteaguas, del Instituto Cultural de Aguascalientes. Ha publicado los libros de poesía Casi verde y Apostillas negras. También, en ediciones colectivas, los poemarios Rituales, Informe sobre trenes que llegan y desaparecen y Tercera persona. Recibió el Premio Efraín Huerta 2006 por Casa en ruinas.

POEMAS.

********************

Hoy llueve. Las palabras salen sin invitación. Vuelan hacia las nubes para empatarse con sus hermanas de agua. Desnudas, se acercan unas a las otras, se apilan, se contagian. Llueven con la música fría del desamparo.

Está de más decir que yo quisiera llegar hasta ti del mismo modo. Sobra decir, pero no hay más que dejarse llevar con transparencia.

Cuando llegan a la tierra estas palabras, se adelgazan hasta ser una pequeña línea. Se vuelven oscuras y arenosas. Se estrellan contra la tierra con la fuerza de una batalla y se dejan morir suavemente, con la resignación impregnada. La música cesa. El silencio es el pretexto para deshilvanar el fárrago que acaba de caer. Los restos son sólo humedad sin soberbia.

La boca queda abandonada, es una cripta enorme formada de pliegues y vapores. Se consuela en su tibieza.


*******************
La respiración que continúa
no es más que el miedo a la muerte.

******************


Hay una ciudad que lleva tu nombre y no la conozco
Me he quedado aquí, junto a todo lo que abandonaste

y mis preguntas nunca habían sido tan inútiles como ahora que no hay respuesta posible
que no hay palabras suficientes para hacerlas
ni viento que las tome y las lleve hasta donde pudieran calmarse o cansarse de ser

Tampoco, de pronto, conozco lo que fuiste
Eres un recuerdo, un vislumbre

y me duele algo que no sé qué es.

*********************************

Volar
como sueño de niño
como dedos en la sombra
con ligereza marina

Libre como la noche en silencio
subir al sueño de mamá
que viaja a ninguna parte
desde una tierra
sagrada en el recuerdo.

****************************

Ella quería volar sobre el mar que imaginó
una tarde de paréntesis que aún le envidio

Ella quería extender su cuerpo contra el aire

dormir y continuar viajando
gritar y arder sobre las piedras

quería permanecer
en la luz precisa
que enciende los cuerpos sin tocarlos

Supondría yo que la muerte libera
que permite trascender a los desastres

y ante la imposibilidad
mi voz es un reclamo

Ella no vuela
no sabe llegar a donde el mar

Está olvidando qué quiere creo
y no es eterna
ni sonríe

Algún camino debería extrañarla
Sería lo justo

o sería más que este llanto intraducible


o tal vez supongo nuevamente
ella querría.

viernes, 6 de agosto de 2010

Poemas de Pablo Romay. México.

Pablo Romay (1976) es ciudadano del mundo y ciudadano mexicano, poeta, periodista, traductor de dos idiomas, fotógrafo, y de profesión piloto aviador. Es budista desde 1995, filosofía que influye en sus poemas. Como periodista freelance ha publicado en una decena de revistas.

NÁUFRAGO DE TU OCÉANO.


Soy todo tuyo, me posees
atraes con un movimiento
una mirada, me quita el miedo, la ropa
me rodeas como noche bendita
siento mi piel hundirse en ti
tu inmensidad
tiemblas, tu océano se encrespa
tus blancas olas se agitan
avanza la tormenta
me inundas
me estremezco
te abrazo
como náufrago a medio mar
te aferro rendido
me entrego
me dejo ir
me voy
te despliego mis entrañas
y caigo
me recuesto en ti… ahogado.




MARINERO.


Desde que mi madre me tomaba en sus
brazos se entreveía.
Crecí admirando el mar abierto,
la marea de todos los días pasando frente a mi
las olas llamativas de todos tamaños.
Y me preparé para ser un marino;
hasta el día de hoy, me dispongo
con mi uniforme de cielo y sol
y mis ojos que escudriñan los astros mirándome
listo a abordar el barco vivo
a navegar
a sucumbir
entre el oleaje inevitable
y la espumosa blancura de tus pechos.




TUS PECHOS ME RECUERDAN AL MAR.


Fluyen a través de mí
refrescantes,
deliciosas olas juguetonas
golpean insistentes
mi proa pectoral
que se mece sobre ti
se abre paso ferviente
por tu mojada inmensidad oceánica
mientras nos entregamos como gaviotas
al infinito.



MI MANO Y TU TIERRA PROMETIDA.

Tu carne, sangre y huesos,
tu cuerpo misterioso acostaste junto a mi
en la negrura cubierta de la noche.
Tú dormías y despertabas con tu calor mis instintos.
Mi mano aventurera
se lanzó en una expedición a tu inmensidad
y acampando en tus valles te despertó poco a poco
se presentó
y la hiciste bienvenida
te fue tocando el espíritu en las partes sensibles de tu piel
se hizo tu amiga
y osada se metió como semilla a tu fértil tierra abierta
y se hizo tu amante
hasta que no hubo recatos
y te pusiste a bailar con ella en un
frenesí alocado
hasta caer rendida.

Pero mi mano no había saciado su sed…



HERIDA ENTRE LAS PIERNAS.

Mujer terrestre,
pudorosa se esconde entre tus muslos,
reservada del mundo,
una herida que no sana entre las piernas,
una llaga de amor,
que exuda olores que despiertan los instintos,
ventilados por las faldas.
Altar donde nace el deseo,
boca que gime,
yo quiero lamer esa herida,
como curandero ancestral,
esperando curarte ese amor lastimado,
esa percepción de sexo débil,
dolor y placer en conflicto.



PÁRATE, QUIERO DARTE UN ABRAZO.

Mi cuerpo es tu casa
tu cuerpo es mi hogar
en él me acuesto
me duermo, me meto
como hormiga me subo a tu cuerpo
recorro tus brazos
te hago cosquillas,
en tu ombligo juego
de tu piel respiro
de tu boca como
de tus senos bebo
en tus nalgas me detengo a descansar.
Como pájaro sobre Laurel de la India,
en tu cuerpo me refugio.



EL MUNDO SE VUELVE HÚMEDO.

Despierto a la mitad de la noche
y no puedo evitarlo,
pensar en la última mujer que me ha impresionado,
tal vez alguna otra,
y entonces sucede:
el mundo se vuelve húmedo.



COMO PALABRA.

Como una palabra te formas,
parte por parte, te elevas
te pido
apareces frente a mi maravillosa
te muestras y no te tapa nada,
te quedas desnuda,
pero no te distingo, no te comprendo,
no entiendo lo que me quieres decir,
y te borras, te vas, te desunes
apareces con una nueva forma,
diferente,
más extraña, más significada,
menos entendida,
más palabra.

martes, 3 de agosto de 2010

Poemas de Iván Camarena. México.

Iván Camarena. Hermosillo, Sonora, 1981.

Egresado de la escuela de Letras de la Universidad de Sonora; editor, dibujante, tallerista, bibliotecario, locutor de radio y periodista cultural. Ha publicado Cuerpos de quedarse, Lamenavajas, Magdalena desnuda jugando a los poemas, y, Andarlanada.


UN ÁRBOL.

Mirar un árbol
i sentir en la garganta
cómo van creciendo sus hojas
cómo desvía las palabras en el viento

mirar un árbol
i sentir en el vientre
su raíz de silencios

mirar un árbol
i agotarlo en mí.


¿CÓMO?

cómo curarme de la vida
cuando la vida es costumbre de huesos
cartílago de pájaros
lugares de invierno

cómo curarme de la vida cuando a la vida
le duelen las piernas
i se le escapan los días

cómo curarme de la vida cuando la vida pasa de largo
i esconde su boca entre lo invisible

cómo curarme de la vida que me tira piedras i planes
la vida que lleva pantalones flacos i deudas en el hombro

cómo curarme de la vida
i sus ventanas desoladas
su ciudad de ojos
su corazón de tétanos i cortaduras
¿cómo?



DE LOS QUE SOY.

soy de los malditos que lloran escondidos
debajo de un atardecer
soy de los asesinos que jamás le arrancarían
los ojos a un niño sucio
soy de los pirómanos que pierden las manos
antes de incendiar una flor
soy de los huérfanos que a todo le hayan un techo
soy de los hambrientos con licenciatura
soy de los que se hicieron viejos en el exilio
porque no aprendieron a perderse en su propia tierra
soy de los bastardos que no supieron callarse
cuando se desplomó el rostro mutilado de dios
soy de los heridos que van siendo arrastrados
por su propia lengua de sangre
soy de los que no se salvan
de lo que soy.






SUBIRME A MI FANTASMA.

soy mi propio fantasma:
el que entonces vivió y
vive ahora, en lugar
del que huyó y muere todavía
JOSÉ PASCUAL BUXÓ

voy a subirme a mi fantasma
un cuervo de ramas que se asemejan a la noche
el entumido paso del vagabundo
la piedra cruzada por un azar en la esquina
los trenes enfermos de la mañana
la silla blanca que sostiene a un invisible
los espacios con soledad que hay de una puerta a otra
las metafísicas para sanar o cortarme las manos
los eclipses a través del aliento
un atardecer de noviembre un sorbo de agua
mi propia historia de cíclopes

voy a subirme a mi fantasma de alcohol i miel
ese tiempo caminando las bardas
ese mover de arena de las sábanas

voy a subirme a mi fantasma
para decirle que he nacido por el puro gusto de brincar en sus ojos
i dibujarle un colibrí.





ESTAR EN EL MUNDO.

estar en el mundo
sin ninguna dosis de ficción
me duele me encorva
me hace lento e imposible
tardo en amar los pronósticos del hambre
que anoche causaron en mí una ternura
todo lo vuelvo más difícil como si me estorbaran
las manos varadas en los temores
en la piel que no deja de levantarse desde el frío
ni de escupir esta enfermedad de lo estéril
estos laberintos inútiles que suceden
hasta que algo en el mundo se rompe con hervor
i asomo una pierna a la existencia
que me hace dar el primer paso en esta luz
seguida de pájaros
de búsquedas repentinas
de niño crecido en el corazón.




LAMENAVAJAS

nada
jamás
he de decir
que no sea yo
aún lo contrario
que digo
soy.



LA NOCHE I LA LUZ.

p
or aquí pasó dios i dejó este rastro lejano de sus polvos
sin embargo la noche sigue limpia a pesar de las estrellas

vientre de un animal a cuatro patas la noche nos amamanta

pozo vaciado que acerca la oscuridad de su ojo
capaz de dormirnos con su única mirada

la noche es la entraña desmedida de dios
que el día de su piel
eclipsa

qué es la noche después de la noche pero antes de la luz
cuando los continentes interiores engendran humedad
i las cosas eternas i diminutas
se cumplen afuera

la noche se ha cerrado como un puño sobre todas las cosas
i sólo deja ver en algunos poros
su esqueleto siendo de luz

berrido de la hoguera esencial que en el sol repite su nacimiento
i no hace más que negar la potencia de las estrellas

cierto albor que no se ha movido de la noche
vuelve a levantar mis ojos de sus sombras

(lástima que no todos los poemas sean una bombilla de luz
que pueda prender i apagar esta verdad siempre fija)

domingo, 1 de agosto de 2010

Poemas de Milton Medellín. México.

Milton Medellín. San Luís Potosí, 1979. México.

Poeta. Licenciado en Filosofía por la UAT. Ha publicado en las revistas subterráneas Nadie me piensa con barba, Quiero con el cerdo y Tensión Crítica; en la revista cultural local La balsa del náufrago, en la revista universitaria Uni 10 de la UAT y en Alforja Revista de Poesía. Ha sido catedrático en las materias de Pensamiento Filosófico, Filosofía Contemporánea, Filosofía de la Historia, Autorrealización en la UAT; y fue merecedor en el 2007 del Premio Estatal de Poesía Dolores Castro con el libro No cesará el desvelo. Actualmente es coordinador editorial de la Revista de Filosofía Metaxy de la UAT, imparte las materias de Filosofía de la Religión y Metafísica en dicha institución, y es docente en la Preparatoria Iberoamericana de Tlaxcala; trabaja en traducciones de John Keats, Thomas Merton, Tagore, y prepara un libro de Epigramas.


DECLARACIÓN DE AUSENCIA.


Por Milton Medellín.



<< Homenaje a Efraín Huerta >>



No es sólo la ciudad
ni sus pasos
ennegrecidos de tedio a media noche.

Tampoco la nostalgia de neón
colgando en almacenes
y antros.
Llanto fosforescente de la urbe
que clama su compasión
y su miseria.

Botellas rotas, no.
Ni su licor de baja cepa
derramado por el pavimento.
Ni siquiera la colilla de cigarro,
como mi corazón, tirada
en medio de la noche.
Apachurrada y negra.
Como mi corazón, alquitranada.

La planeación urbana de la carne
con sus calles de foco enrojecido,
la esporádica cita
que amenaza con volver a encendernos.
Podrían desfilar las amantes
por esta soledad citadina,
tampoco es el deseo.

Algo falta en mis manos
a pesar de que la ciudad es nuestra.
Algo atraviesa el costado de mi alma,
rompe la sangre en dos,
detiene inmisericordemente
el flujo de estos días con sus noches.

Hay una flama oculta en algún sitio
que esta ciudad condena.
Existe un corazón verdadero,
puro en su lasitud,
perpetuo en su bondad instantánea.
Permanece cerrado un tesoro,
un oro ensimismado y más brillante
que el sol de mediodía.

Un amor que conozco,
una mirada alegre que padezco,
una rara y misteriosa compasión
que se reparte al mundo
y no me pertenece.



BRAVATA.


Por Milton Medellín

Ya no debo escribir del amor,
sin embargo aquí estoy:
puliendo malos versos de pésimo augurio.
Hablando con lenguaje miserable
de la cosa más hermosa en este triste universo:
tu mirada.

No hay nada nuevo que decir,
todo está dicho:
precipicio de luz tu presencia,
barro de fuego en mi memoria,
transparencia fugaz,
don de lenguas.



De Catulo a Lizalde,
pasando por Carreto y Cardenal,
se ha ido construyendo esta palabra
que quema las arterias del tiempo.
Tradición mal habida de los enamorados
que conocen la mirada de dios en su alma.

Ya no debo escribir del amor,
pero duele y es cierto:
no hay palabra que sobre
cuando es la poesía quien nos consuela.





SEMILLA EN EL DESTIERRO.


Por Milton Medellín.


En dónde quedarán aquellos días
que le dieron sentido a tu presencia.
En dónde la memoria de este tiempo
que presumiste humano,
aquél movimiento de lo eterno
que respetó el transcurso de todas tus pasiones.


Todo lo que has buscado y proferido
será un anticipado abandono
en la mente de todos tus hermanos,
alma comunicada en el vacío,
sólo el silencio es real en esta hoguera
que consume tu esfuerzo de existencia.

Y serás
casi polvo de carne
cuyo rostro se descubre derrumbado,
oscuridad a un tiempo,
en el presentimiento de la luz.

Eternidad sin nombre
serás,
el testimonio,
de aquél amor que todo lo sostiene.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Poema de Abril Medina. México.

Abril Medina nació en Guadalajara, México en 1985. Poemas suyos aparecen en revistas como “La voz de la esfinge”, “Residentes Chapalita”, “Masmédula” siendo parte del consejo editorial en ésta última. Catálogos y exposiciones dentro y fuera del país del pintor Luis Medina. Catálogo del pintor Federico Navarra y calendario de Carmen Bordes 2003. Publicaciones Colectivas: Antologías “La palabra clandestina”, “De tanto contar IX”, “Antología de escritores Jaliscienses”, “Antología de poesía eucarística” siendo la más joven de las participantes en los mencionados. Graduada del diplomado en literatura de SOGEM escuela de escritores.

Un poema de Abril Medina.

Fuente: Boletín de escritores mexicanos.

Te han dicho que la sobriedad es un regalo y no un precio
que entender el cauce o germen o topografía con la cara inválida
siempre apegada al natural estado de sus músculos
es la forma correcta de percibir las cosas
que los cálculos exactos y su organizada noción del infinito
justifican esas ganas de sacar la cabeza por la ventana
auto en movimiento
y descifrar la ecuación
cuántos minutos a ochenta kilómetros por hora
qué distancia antes del golpe con otro carro
justo ahí donde te metieron que todo es serio y legislable
justo ahí
medir la probabilidad de que sea boca o nuca

te han dicho que la estabilidad atiende a una necesidad más básica que el alimento
[o la violencia
que tomar un café todas las mañanas a la misma hora es saludable y seguro
o invertir en lentes que prometan mantener tus ojos fijos en la realidad más pesada
más precisa
para que te ahorres como toda persona inteligente
los comentarios más vulgares
que la erudición se esconde bajo un rostro siniestro
y la evolución consiste en desechar el impulso
esas ganas de ponerte tan ebrio
que las ratas y los basureros funjan de interlocutor
o te abraces a un semáforo y cierres los ojos y los abras
jugando al azar con el verde con el rojo
y olvides inmediatamente cuántas veces aparecieron
no sepas qué color ha ganado y en la confusión decidas que odias los semáforos

[y de paso los autos
te han enseñado una selección estricta de buenas actitudes que se resumen en la misma
coagular tu carácter hasta formar un engrudo muy tranquilito
con apariencia de espécimen sano
de buen ejemplar en sociedad
muy quietecito y con facha de genio
hay perros brillantes que nunca ladran y a veces
imaginas desde tu elegancia cómo sería oler el culo de la señorita dispensaria
o el joven que reparte comida china a domicilio
eres muy educadito
se te nota
sobrepeso de mentiras

pero te han dicho que la sobriedad
el vocabulario responsable y adecuadamente pronunciado
la jotería de disculparte cuando expresas tu opinión
y que brillen los zapatos
y los grados de un triángulo siempre son ciento ochenta pero jamás de alcohol
eso no, muy mal
aunque tú piensas en triángulo y en tu mente aparecen tres mujeres con las piernas
[abiertas tocándose los pies y sus vaginas ardiendo a cuarenta grados
pero no, muy mal
faltan números para que la metáfora sea conveniente
y la ciencia ha dicho que los animales ven en blanco y negro
así que no lo dudas
no lo cuestionas
es más digno repetir que no conocen el morado
a concebir tres mujeres en combustión sexual a ciento veinte grados de ninfomanía
[triangular estas jodido
bien jodido
eso no te lo habían dicho.

martes, 15 de diciembre de 2009

POEMAS DE MIJAIL LAMAS – MÉXICO.

Mijail Lamas (Sinaloa, 1979). Poeta, traductor y crítico. Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2005 a 2007. Ha publicado poesía y crítica en diferentes revistas y suplementos culturales del país. Una muestra de su poesía aparece en las antologías Los límites acordados: ocho poetas jóvenes sinaloenses (Difocur,2000); 1979. Antología poética (Ayuntamiento de Culiacán) y en la muestra latinoamericana del encuentro El vértigo de los aires. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007) y Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (Ediciones sin Nombre, 2008). Ha traducido poemas de Luis Vaz de Camões, Cesáreo Verde y Mario de Sá Carneiro, así como prosas de Carlos Drummond de Andrade. Es director de producción de PÁRAMO ediciones.

DEL LIBRO CONTRAVERANO.


No quisiste quedarte.
No quisiste aprender cómo quedarte.
Quedarte resignado a beber toda la luz que nunca muere.
De tal modo que el recuerdo te soborna,
te hace dudar hasta llevar tus manos a tocar lo que no tienes.
Para tocarlo primero hay que saber decirlo, decirlo muchas veces.
Mucho tiempo has pensado destejer, una tras otra,
las tramas que se te van enredando entre los dedos.
Mucho tiempo quisiste enumerar cada partícula de polvo, cada capa de tristeza,
enumerar también cada puñetazo de la frustración,
cada truco para engañar el mediodía que te cortaba en sombra la figura.
Pero no puedes y te llevas una mano a la cabeza
y descubres que en ese recuento
hay una imagen que tienes de ti mismo y te es extraña
que sólo en sus contornos y a lo lejos, apenas en su sombra,
podrías reconocer.
Hay algo que ahora te detiene.
Has dicho demasiado y te has metido en un problema.
El añejo dolor que te conserva despierto y a la sombra
guarda para ti un sentimiento de revancha.
No puedes avanzar lo que quisieras,
el desierto que pretendes recordar se vuelve más extenso.

* * * * * * * * * * * * * * * * *
Lo que antes fue desierto aún persiste
y en unas cuantas líneas crees recuperar todo de nuevo,
recuperar aquel paisaje donde el verano cumplía su destrucción inapelable.
Pero hay algo diferente,
las calles que recuerdas tienen zanjas más hondas,
las paredes de las casas tienen grietas como relámpagos de piedra.
Crees que puedes volver a llenarte de polvo los bolsillos,
crees que puedes patear lejos de aquí remordimiento, rabia y rencor
como si de cosa pequeña se tratara.
Crees que puedes volver y una sensación de sequía en tu garganta te sorprende.
Te sorprende también aquella disposición al cariño que justificaba cada golpe,
aquella sensación de no sentirte solo sin creer que dios te vigilaba.
Y pronuncias en voz baja
una blasfemia que solamente a ti te reconforta.
¿O es qué todo lo que has dicho no deja de ser una conjetura
o una ávida reconstrucción de los hechos
o una manera de legitimar una mentira,
porque eres otra presa del olvido
y herido por el sol en el costado,
se han calcinado todos tus recuerdos?
No hay nada,
te cuesta trabajo creer que no hay nada.
Regresas para buscar en ti algo que permanezca
y compruebas que lo único palpable que posees,
ahora que ya es tarde y tienes sueño,
es el cuerpo de una mujer que no puede dormir
y te espera en otro cuarto.
Dejas la pluma que habías tomado para escribir eso que no alcanzas a fijar,
apagas en silencio cada una de la luces de la casa
y el desasosiego no se extingue por completo.

Quisieras continuar pero ya es tarde.
* * * * * * * * ** * * * * * * ** * * * * * * * *

En soledad he aprendido a lidiar con la ceniza que han dejado los veranos.
De noche he aprendido a no dejar que mis palabras se consuman por el fuego.

Por este oficio de sombra
puedo soportar esta ciudad que llevo a cuestas.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * **
Que el sol y su recuerdo no te tuerzan los labios,
su amargo madurar escupe aquí.
Deja que su aguijón cante para los otros
la luz de su ponzoña.
* * * * * * * * * * * * * * ** * ** * *
No hay nada como estar lejos,
caminar las calles donde nadie te conoce.
Es bueno no causar ninguna impresión,
a lo mucho verán en ti,
cuando vienes a sentarte en la mesa de un café
a otro más que pierde el tiempo.
Aquí todos se ocupan de sus cosas,
así que no existes para nadie.

Y cuando crees encontrar reposo en el anonimato
hace falta que un rayo de luz toque tu vaso de agua para que estés alerta.
Hay una marca en esa luz que te recuerda de dónde vienes,
una señal que te advierte no olvidar que te persiguen
y que el verano ha de recorrer una a una las ciudades
para encontrarte.

Sabes que para ti ya no hay descanso,
que la condena es esa luz que todo lo somete,
que ha convertido tu cuerpo y tu memoria en una herida,
en una profunda quemadura.
* * * * * * * ** * * * * * * * * * * * * *
Vienes a tomar posesión del desencanto,
a estrujar hierbas marchitas,
en esa tierra que se desmorona entre tus manos.
Vas quebrando los vidrios de tu desesperanza
pero en su lugar levantan muros.

Has venido a pelear una guerra perdida
en una tierra desolada no hace mucho.

Has querido recuperar anhelos que el sol ha consumido,
cuartos que guardaban para ti la oscuridad
o aquella sorda luz de los altares.

La áspera desolación de los caminos
es la forma en que tu alma se dirige al encuentro de su ruina.
Todo lo que buscas está lleno del polvo
que cubre la verdadera imagen que tienes de las cosas.

Te aferras a reconstruir un paisaje
y ese oficio que te aparta de la luz,
esa arquitectura del desastre,
es otra manera de mantenerte a flote.
* * * * * * ** * * * * * * * * * * * * *
La fiebre es el verano del cuerpo,
deja quebrado el árbol que nos mantiene en pie
y hace nacer una flor de sangre entre los labios.
* * * * * * * * * * * * * * * ** * * * *
Aquí siempre es verano
aunque nos digan que las estaciones llegan y el año acaba.
Allá siempre es verano
lleno de voces y plegarias no atendidas.

No pretendía volver o que el verano fuese el paraíso,
ni siquiera ser la piel del sol abatida en los cristales.
Pero he caminado las calles,
he fundido mis suelas en sus banquetas
y cobrado una cuota de sol como la infamia.

No pretendía volver y sin embargo
mis ojos van al encuentro de esos días de enseñaza y de golpiza.
Aún hoy me escondo a fumar,
porque sé que aunque se crezca,
siempre hay alguien que vigila.

No pretendía volver
pero me siento en esa mesa a donde acuden,
en menos de un año, cuatro muertos.
No es increíble que la muerte se haya molestado en recordarnos.

No pretendía volver y sin embargo
una llamada, un noticiero, algún periódico
me traen de vuelta a la masacre
y camino hacia una hora menos en el tiempo.

No pregunté por qué allá siempre es verano,
nacíamos con él en la mirada y sin embargo
un temporal de oscura gracia nos seducía.

No pretendía volver, pero no basta pretenderlo,
el verano emana de mí y todos los caminos se tuercen en su polvo,
toda esa es luz es un puño que se rompe en mi memoria.
* * * * * * * * ** * * * * * * * * *
Voy a darle vuelta a la página de los incendios,
a levantar la pluma de esta hoja que la luz ha despertado,
a oscurecer con un golpe de mano esta flama que se consume a sí misma.
Voy a quedarme quieto.
Voy esperar la estación de nubarrones y mañanas frías.
Voy a guardar silencio.

Derechos reservados de autor © MIJAIL LAMAS – MÉXICO

jueves, 19 de noviembre de 2009

Poemas de Luis Alfredo Gastélum – México.

Luis Alfredo Gastélum (Sinaloa, 1982). Ha publicado en diversos medios impresos y en paredes, dado ponencias por aquí y por allá, fue Primer Ministro de la Revista Magín. Estudia lengua y literatura de hispanoamérica en la UABC. Es autor del libro Santa Maguana Motel (2008).Sobrevive en Tijuana desde 1993.


HOMÓNIMA.
Por Luis Alfredo Gastélum.

La ciudad es homónima a la casa. Se asemejan incluso en el durísimo suelo que las fragua, en el olor a insecticida: capa del ambiente. A las dos las bautizaron un día que llovieron astros como puñaladas, un día que un dios subió a la tierra para ahuyentar zopilotes. Se asemejan porque siempre hay toque de queda, y apenas suena la trompeta, se sacuden las sábanas, tiembla el sueño.
La ciudad es homónima a la casa, el nombre es lo de menos.

CAMPO MINADO.


Tiemblan mis tobillos, sangran. También caí tres veces como Cristo o Maradona, también hirieron mis costillas, destruyeron mi blindaje.
Hay un alambre de púas en cada paso reprimido, ¿qué resquicio ha de cruzarse cuando la puerta es una sucursal de dudas? ¿qué baldío ha de habitarse si un baldío precede a otro?
Algunos dicen que en cada metro de vida hay minas que estallan con remordimientos, otros como yo, huimos de los campos minados porque prohíben la entrada a bailarines.



LA TIERRA.



“¿Cómo sabes si la Tierra no es más que el infierno de otro planeta?”
Aldous Huxley.



¿Acaso el rumbo de los pies simula una adicción a ser tragado? ¿A dónde lleva la paciencia si el río que antes rebozaba es un esqueleto que acostado se precisa?


Las caras de esta urbe se reencuentran en el sismo, en la carencia, en el ferrocarril que cruza en medio de las calles como un recipiente de sardinas y hace del paisaje un crimen logrado en arribos y huidas.


¿Acaso el fin de esta caminata es un tache en el recuento? ¿Acaso nuestra casa se despojó del techo para que viéramos el óleo gris de las alturas?
Ciertamente hay un elemento fijo que a los habitantes nos disgrega, es la tierra.

TODOS LOS DÍAS.



Todos los días inicio cuentas regresivas, camino rumbos circulares, por las noches mi nombre sigue siendo el mismo.


Todos los días corrijo testamentos, no es fácil morir a martillazos día a día, besar una mujer imaginaria y ser correspondido.


Todos los días ando descalzo y tengo miedo, hay agujas verticales esperándome en la alfombra, kamikaze en el aire es mi pensamiento.


LA SONORA DINAMITA.
L
A Calle Segunda es su fosa común.
Sobre el pavimento caracoles y bestias
la amalgaman
obstruyen su paso
no saben
La Ciudad tiene su olor.
El vilipendio almacenado de su gloria
ruge tras las cerraduras
de bares que conservan
su perdón en cuartos fríos,
ella
toma siesta en cuna de orfandades
boleto al epicentro
anda por ahí
como un Quijote

nada importa
en La Estrella explota La Sonora Dinamita
ella tiene ganas de bailar.



CANONIZADA.

MORENA sensual oleaginosa,
en sus dread locks cruje la anécdota
piojos sin rumbo y veteranías,
su oreja no es buzón de sugerencias.
Cadáver de su paso, la catedral
no le admite las sandalias,
en su brújula de orín
rumia el calor de su aridez
como Maria Egipciaca abre los brazos al candor

canonizada,
sella su desierto,
marca territorio,
reduce a polvo libertades:
partos ambulantes donde nace su verdad.