jueves, 28 de abril de 2011

Arlette Luévano - poesía mexicana.

Arlette Luévano (Aguascalientes, 1976) es Maestra en Derecho Constitucional y Amparo por la Universidad Iberoamericana. Desde 1997 dirige el suplemento cultural Ananke del diario Página24. Forma parte del comité editorial de la revista Parteaguas, del Instituto Cultural de Aguascalientes. Ha publicado los libros de poesía Casi verde y Apostillas negras. También, en ediciones colectivas, los poemarios Rituales, Informe sobre trenes que llegan y desaparecen y Tercera persona. Recibió el Premio Efraín Huerta 2006 por Casa en ruinas.

POEMAS.

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Hoy llueve. Las palabras salen sin invitación. Vuelan hacia las nubes para empatarse con sus hermanas de agua. Desnudas, se acercan unas a las otras, se apilan, se contagian. Llueven con la música fría del desamparo.

Está de más decir que yo quisiera llegar hasta ti del mismo modo. Sobra decir, pero no hay más que dejarse llevar con transparencia.

Cuando llegan a la tierra estas palabras, se adelgazan hasta ser una pequeña línea. Se vuelven oscuras y arenosas. Se estrellan contra la tierra con la fuerza de una batalla y se dejan morir suavemente, con la resignación impregnada. La música cesa. El silencio es el pretexto para deshilvanar el fárrago que acaba de caer. Los restos son sólo humedad sin soberbia.

La boca queda abandonada, es una cripta enorme formada de pliegues y vapores. Se consuela en su tibieza.


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La respiración que continúa
no es más que el miedo a la muerte.

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Hay una ciudad que lleva tu nombre y no la conozco
Me he quedado aquí, junto a todo lo que abandonaste

y mis preguntas nunca habían sido tan inútiles como ahora que no hay respuesta posible
que no hay palabras suficientes para hacerlas
ni viento que las tome y las lleve hasta donde pudieran calmarse o cansarse de ser

Tampoco, de pronto, conozco lo que fuiste
Eres un recuerdo, un vislumbre

y me duele algo que no sé qué es.

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Volar
como sueño de niño
como dedos en la sombra
con ligereza marina

Libre como la noche en silencio
subir al sueño de mamá
que viaja a ninguna parte
desde una tierra
sagrada en el recuerdo.

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Ella quería volar sobre el mar que imaginó
una tarde de paréntesis que aún le envidio

Ella quería extender su cuerpo contra el aire

dormir y continuar viajando
gritar y arder sobre las piedras

quería permanecer
en la luz precisa
que enciende los cuerpos sin tocarlos

Supondría yo que la muerte libera
que permite trascender a los desastres

y ante la imposibilidad
mi voz es un reclamo

Ella no vuela
no sabe llegar a donde el mar

Está olvidando qué quiere creo
y no es eterna
ni sonríe

Algún camino debería extrañarla
Sería lo justo

o sería más que este llanto intraducible


o tal vez supongo nuevamente
ella querría.