Un espacio para el encuentro con las nuevas voces de la literatura.
Un adentrarnos en ese mundo de versos que vuelan, cantan, gimen y susurran sentimientos sin fronteras.
María del Mar Estrella. Argentina. Docente, cantante y poeta de reconocimientointernacional. Ha publicado varioslibros, entre ellos Juglar, 2005, declaradode interés nacional por el Consejo Deliberante de Mar del Plata, Argentina. Fuegosceremoniales, 2007. Segundo premio Fundación Argentina de Poesía.
Hacia un país de lágrimas sin nombre.
Coral.
Pido valor, hermanos
Esta es la vida que nos duele tanto.
Este terrible tiempo de acribilladas rosas
donde el odio reduce la esperanza.
Las latitudes tiemblan y hay tifones de pólvora en el aire.
Esqueletos que giran al compás de los látigos
y botas que golpean las puertas de la carne.
Hay mundos que reclaman y hay mundos que deniegan
esclavos y verdugos... porque esta es la hora desigual
donde se deposita la miel rudimentaria.
Pido valor, hermanos.
pido que trabajemos lo que tal vez no vean nuestros ojos
pero sí los ojos de los hijos de los hijos...
porque en alguna sangre del después, estos sueños serán raíz
y fruto y oxígeno palpable de libertad recuperada.
con el canto de todos, en comunión reveladora.
(Del Libro IV Concurso Bonaventuriano de Cuento y Poesía)
Juan Alberto Rivera Gallego - Colombia. Periodista y poeta, autor de cuatro libros de poesía: Conversaciones con la soledad, Territoriode mi voz, Casa de fantasmas e Instantesen la urbe. Labora como editor general en El Diario del Otún, periódico de la ciudad de Pereira, desde hace 11 años.
Aunque me pierda todo.
Ardí con tu recuerdo.
He estallado en pedazos por toda la ciudad para buscarte.
Muros
esquinas
calles
árboles
avenidas
parques
tejados
y ventanas.
Nada ha quedado al azar, pero no te hallo en esta búsqueda; los pedazos no quieren regresar a esta piel, no me armo, la soledad clama que la búsqueda no sea infructuosa, que te halle aunque me pierda todo.
Un cuarto lánguido de alfombra vieja. Dos camas para un
cuerpo solitario. Una mesa de noche que me habla desde la infinita soledad de
su encierro. Tres espejos me observan desde costados que no me conocía.
Mi maleta de sueños apagada y el frío enmarañado tejiendo su rutina en mi ser.
Un cuarto lánguido de alfombra vieja aterrado por la fuerza de tu recuerdo porque no estabas... y estabas. Así que para soportar esa noche de acero te guardé bajo mis ojos. La oscuridad que a esa hora llegaba a visitarme guardó silencio para una lágrima de hombre que calcinaba mi cicatriz de soledad. Ardí con tu recuerdo...
Voy a amarte esta noche, toda, en cada uno de sus pliegues oscuros, en sus sombras, en sus sonidos guturales, en cada sueño del mundo, en cada playa donde duerme el mar, en los ojos cerrados que iluminan fantasías, en los latidos del corazón que te habita, en la hojas que hablan con la noche, en los recuerdos que pacen en tus labios, en los pasos que a esta hora te recorren imaginaria en la urbe, en tu ropa que guarda el aroma de tu piel. Voy a amarte esta noche, toda, hasta que desaparezca en tus gemidos, en tus besos, en tus manos, hasta que hagas de mi un fantasma, un acorde, barro, canción, risa y destino.
Esta noche de estaño y amatista no halla el candil que reposa tu fuego para derretir el frío de tu ausencia. Parece que el aceite que lo alimenta salió a buscarte en la urbe helada y se perdió él mismo. Parece que la llama no encendió de tristeza. Parece que perdió su asa que lo ataba a estas manos. Parece que crujió su débil elemento de aluminio en su lucha contra la oscura presencia de tu lejanía. Esta noche de hierro frío te lleva a cuestas mientras la soledad sueña con el candil de tu presencia.
Se la llevó el domingo a las seis como si nada dejando esta urbe que me crece adentro solitaria y carcomida en su brevedad de apenas horas, y me desarma el alma la certeza de su lejano cuerpo en infinito. ¿Cómo ir por estas calles transeúnte deshojado y silente? Se la llevó como si nada, como si no perteneciera a nadie, a la fuerza arrancada de esta sangre. Queda la ciudad sin su sonrisa.
(Del Libro IV Concurso Bonaventuriano de Cuento y Poesía)
Álvaro Ruiz Fernández. Chile. (1953) Libros publicados: Dieciocho poemas, Santiago, 1977. A orillas del canal, Santiago, 1982. Es tu cielo azulado, Santiago, 1989. Casa de barro, Santiago, 1991. La virgen de los tajos, Plaquette, editorial del Instituto Oaxaqueño de las Culturas. Oaxaca, México, 1995. La virgen de lostajos, versión completa, Mosquito Editores. Santiago, 2001. Poemas del sol, ediciones de la ilustre municipalidad de La Serena, 2007. La calabaza del diablo, Santiago, 2003. Poesía chilena desclasificada, Editorial Étnika, Santiago, 2006. Poéticas deChile, Editorial Étnika, Santiago, 2007. Ellugar de la memoria, poetas y narradores de Chile, Editorial Ayún, Santiago, 2007. Antologías: Nueva York 11, poesía chilena, Editorial Galinost, Santiago, 1987. Cartas alazar, Ediciones Ergo Sum, Santiago, 1990. Muestra de literatura chilena, Congreso Internacional de Escritores “Juntémonos en Chile”, SECH/PRED, Santiago, 1992. Veinticinco años de poesía chilena, Editorial Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1996. Viven, periplo de los poetas de Chile, Ril Editores y Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Santiago, 2002. Vagabundos dela nada, Editorial Caligrafía Azul.
Poema de la gruta.
Heme aquí en la gélida gruta
donde el sol es la puerta
que alumbra los primeros escalones
que descienden a este suelo de piedra
donde el primer hombre bendice al último
en la oscuridad que antecede a la luz.
Me alimento de filtraciones y musgos incoloros
y recorro el universo palpando los muros
que llevan a otras situaciones primeras
como el de la mujer deseando subir
los peldaños que llevan al horizonte
curvo de la vida y la recolección.
Yo he querido guarecerme abajo
grabando las primeras escenas del hombre
sobre las rocas de este altar
con tintes de sangre y sacrificios violentos
de hombres que alzaron el vaho
hacia el cielo de una noche sin astros.
De una noche en los oscuros bosques
donde los troncos del alma suben al cielo
mucho antes de que Prometeo nos diese el fuego
que iluminó los rostros y alejó las sombras
de nuestra auténtica superstición que era
un dios oculto y vengador.
Encendí antorchas en cada cueva
y en la original enfermedad de seguir a la mujer
subí a la pradera y depredé a mi alrededor
de todos los metales fabriqué distintos cuchillos
los que utilicé en el degüello de animales
con cuyas pieles me cubrí.
Todo lo restante lo dice el entierro del pasado
voces de otros hombres que vieron el sol
que sumaron, adoraron y murieron
largándose en una barca aritméticamente abstracta
hacia el centro de la memoria
en un régimen axiomático gobernado por las dudas.
Que por antonomasia son exactas
ya que la regla elude la confirmación
y el universo que es trastorno continuo
alumbra indistintamente los dos hemisferios
en la idea de una deducción a la velocidad de la luz
ausente en los prados inmediatos del color.
Monterrey.
Este es el Monterrey de los soles inmensos
agujas de fuego caen desde el cielo
traspasan al hombre de las veredas
en un mar de ondas calóricas
líneas tenues que reverberan desde el pavimento
y suben al cerebro distorsionando el paisaje
que son cerros metálicos o espejos desérticos
donde uno puede observar los hornos de una fundición
en una niebla de vapores que nada envidia a los infiernos
de ser traslación detenida
sobre el eje de la demencia que otorgan los grados.
El sol está en lo alto como un águila sobrevolando en círculos
gira sobre la ciudad y sobre las cabezas alucinadas
por fiebres ardientes de sol en las sienes
sienes que envían señales de fuego
al cerebro astro de dos hemisferios
en uno hierven recuerdos y en el otro se evapora el presente
y ambos síntomas los toma el sol para sí
ya cual dios insatisfecho
que propugna un calor que quema la tristeza
así sana al hombre y lo enloquece
con quimeras, espejismos y horizontes que no existen.
Entonces la realidad se revierte
se transforma en imaginaria
y la línea entre ambos conceptos desaparece
dame una sol para ceñirme una corona
dame ambas cervezas para aliviar la sed
de éste sol que es real
como el vuelo de aquellos barcos por el cielo
los caminantes bajo el sol hablan sucintamente
dicen a primeras verdad o mentira
¡qué importa!
las palabras tienen connotaciones inmediatas
no hay tiempo bajo el sol
las sombras nos esperan
no malgastemos los minutos
cuando las agujas de fuego caen desde el cielo
sin piedad sobre la piel quemada por los días
bajo el sol implacable de éste calendario detenido
horas después del mediodía.
en las noches sin luna aúllan los coyotes
porque el sol se ha marchado hasta de su espejo
no está en ninguna parte
entonces los coyotes lloran y lamentan
la ausencia del sol
y la hora de Greenwich calla
cuando sólo se oye el viperino silbido
de las cascabeles arrastrando la infamia
de una noche sin luna.
Bajo las brasas del sol
transpiran los cuerpos de hombres y mujeres imantados
donde el salino y fosforescente sudor
despierta en ellos la lascivia salvaje de la copulación
se unen las lenguas y las salivas
como una planta que se abre bajo el sol
llena de secreciones y transparentes microcosmos
donde pequeños planetas danzan alrededor de otro sol.
Es así el sol de Monterrey
las agujas de fuego
atravesando las sienes de sus habitantes
afiebradas realidades a orillas del río Santa Catarina
que más que agua muchas veces trajo sueños
en el paisaje del cactus y de la piedra
al norte, siempre al norte de la realidad.
Tehuantepec.
Bajo los sones de los músicos
y sus instrumentos salvajes
de viento y golpes de percusión
un grupo de mujeres
con coloridas vestimentas y flores en sus cabezas
danzan en Juchitán de Zaragoza
geográfica cintura mesoamericana
en pleno istmo de Tehuantepec
y la brisa que une a los océanos
Quedamente levanta sus vestidos
al compás cadencioso
de un ritmo en las caderas
con fulgor en los ojos
y blancos dientes perfectos.
La música, arrítmica, corta y divide el tiempo
en dos, en tres, en cuatro
bajo los sones de los músicos
y sus instrumentos salvajes.
El árbol de la soledad crece en un paraje abandonado de la suerte de la fertilidad. Al poeta Jonás.
Ahí está el árbol
no lo toquéis
ahí está el hombre
con ramas bajo el sol
y sombras que lo cruzan
como una cebra salvaje
que galopa perdida
hacia el horizonte de la infamia.
Mentiremos con los ojos cerrados
y en la oscuridad diremos
que en el cielo no había estrellas
ni hombres ni árboles en la tierra.
De “un hombre solo en una casa sola”.
A Jorge Teillier.
No fuimos capaces de incendiar la casa
reducirla a cenizas
e irnos a los bosques
sin miedo
Tarareando viejas canciones irlandesas
como aquella del marinero borracho
shanties extraídos de viejos cancioneros celtas
por los caminos polvorientos del estío
por alamedas que llevaban a la plaza del pueblo
donde las muchachas pretendían tu corazón de alondra
ahora cubierto por un frío bolsillo depositario
de estampas y angelicales medallas protectoras
en un bar de la calle Nueva York.
Con la misma canción aquella en el oído
¡qué vamos a hacer con el marinero borracho!
cruzando los brazos sobre la mesa de un otoño en la ventana
Mijail Lamas (Sinaloa, 1979). Poeta, traductor y crítico. Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2005 a2007. Ha publicado poesía y crítica en diferentes revistas y suplementos culturales del país. Una muestra de su poesía aparece en las antologías Los límites acordados: ocho poetas jóvenes sinaloenses (Difocur,2000); 1979. Antología poética (Ayuntamiento de Culiacán) y en la muestra latinoamericana del encuentro El vértigo de los aires. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007) y Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (Ediciones sin Nombre, 2008). Ha traducido poemas de Luis Vaz de Camões, Cesáreo Verde y Mario de Sá Carneiro, así como prosas de Carlos Drummond de Andrade. Es director de producción de PÁRAMO ediciones.
DEL LIBRO CONTRAVERANO.
No quisiste quedarte.
No quisiste aprender cómo quedarte.
Quedarte resignado a beber toda la luz que nunca muere.
De tal modo que el recuerdo te soborna,
te hace dudar hasta llevar tus manos a tocar lo que no tienes.
Para tocarlo primero hay que saber decirlo, decirlo muchas veces.
Mucho tiempo has pensado destejer, una tras otra,
las tramas que se te van enredando entre los dedos.
Mucho tiempo quisiste enumerar cada partícula de polvo, cada capa de tristeza,
enumerar también cada puñetazo de la frustración,
cada truco para engañar el mediodía que te cortaba en sombra la figura.
Pero no puedes y te llevas una mano a la cabeza
y descubres que en ese recuento
hay una imagen que tienes de ti mismo y te es extraña
que sólo en sus contornos y a lo lejos, apenas en su sombra,
podrías reconocer.
Hay algo que ahora te detiene.
Has dicho demasiado y te has metido en un problema.
El añejo dolor que te conserva despierto y a la sombra
guarda para ti un sentimiento de revancha.
No puedes avanzar lo que quisieras,
el desierto que pretendes recordar se vuelve más extenso.
* * * * * * * * * * * * * * * * * Lo que antes fue desierto aún persiste
y en unas cuantas líneas crees recuperar todo de nuevo,
recuperar aquel paisaje donde el verano cumplía su destrucción inapelable.
Pero hay algo diferente,
las calles que recuerdas tienen zanjas más hondas,
las paredes de las casas tienen grietas como relámpagos de piedra.
Crees que puedes volver a llenarte de polvo los bolsillos,
crees que puedes patear lejos de aquí remordimiento, rabia y rencor
como si de cosa pequeña se tratara.
Crees que puedes volver y una sensación de sequía en tu garganta te sorprende.
Te sorprende también aquella disposición al cariño que justificaba cada golpe,
aquella sensación de no sentirte solo sin creer que dios te vigilaba.
Y pronuncias en voz baja
una blasfemia que solamente a ti te reconforta.
¿O es qué todo lo que has dicho no deja de ser una conjetura
o una ávida reconstrucción de los hechos
o una manera de legitimar una mentira,
porque eres otra presa del olvido
y herido por el sol en el costado,
se han calcinado todos tus recuerdos?
No hay nada,
te cuesta trabajo creer que no hay nada.
Regresas para buscar en ti algo que permanezca
y compruebas que lo único palpable que posees,
ahora que ya es tarde y tienes sueño,
es el cuerpo de una mujer que no puede dormir
y te espera en otro cuarto.
Dejas la pluma que habías tomado para escribir eso que no alcanzas a fijar,
apagas en silencio cada una de la luces de la casa
y el desasosiego no se extingue por completo.
Quisieras continuar pero ya es tarde.
* * * * * * ** ** * ** * * *** * ** * * * * *
En soledad he aprendido a lidiar con la ceniza que han dejado los veranos.
De noche he aprendido a no dejar que mis palabras se consuman por el fuego.
Por este oficio de sombra
puedo soportar esta ciudad que llevo a cuestas.
* * * * ** * ** * * * * * * * * *** Que el sol y su recuerdo no te tuerzan los labios,
su amargo madurar escupe aquí.
Deja que su aguijón cante para los otros
la luz de su ponzoña.
* * * * * * * * * * ** * * ** *** * * No hay nada como estar lejos,
caminar las calles donde nadie te conoce.
Es bueno no causar ninguna impresión,
a lo mucho verán en ti,
cuando vienes a sentarte en la mesa de un café
a otro más que pierde el tiempo.
Aquí todos se ocupan de sus cosas,
así que no existes para nadie.
Y cuando crees encontrar reposo en el anonimato
hace falta que un rayo de luz toque tu vaso de agua para que estés alerta.
Hay una marca en esa luz que te recuerda de dónde vienes,
una señal que te advierte no olvidar que te persiguen
y que el verano ha de recorrer una a una las ciudades
para encontrarte.
Sabes que para ti ya no hay descanso,
que la condena es esa luz que todo lo somete,
que ha convertido tu cuerpo y tu memoria en una herida,
en una profunda quemadura.
* * * * * ** *** * * * * * * * * * * * * Vienes a tomar posesión del desencanto,
a estrujar hierbas marchitas,
en esa tierra que se desmorona entre tus manos.
Vas quebrando los vidrios de tu desesperanza
pero en su lugar levantan muros.
Has venido a pelear una guerra perdida
en una tierra desolada no hace mucho.
Has querido recuperar anhelos que el sol ha consumido,
cuartos que guardaban para ti la oscuridad
o aquella sorda luz de los altares.
La áspera desolación de los caminos
es la forma en que tu alma se dirige al encuentro de su ruina.
Todo lo que buscas está lleno del polvo
que cubre la verdadera imagen que tienes de las cosas.
Te aferras a reconstruir un paisaje
y ese oficio que te aparta de la luz,
esa arquitectura del desastre,
es otra manera de mantenerte a flote. * * * ** * ** * * * * * * * * * * ** * La fiebre es el verano del cuerpo,
deja quebrado el árbol que nos mantiene en pie
y hace nacer una flor de sangre entre los labios.
* * * * ** * * * * * * * * * ** * * ** Aquí siempre es verano
aunque nos digan que las estaciones llegan y el año acaba.
Allá siempre es verano
lleno de voces y plegarias no atendidas.
No pretendía volver o que el verano fuese el paraíso,
ni siquiera ser la piel del sol abatida en los cristales.
Pero he caminado las calles,
he fundido mis suelas en sus banquetas
y cobrado una cuota de sol como la infamia.
No pretendía volver y sin embargo
mis ojos van al encuentro de esos días de enseñaza y de golpiza.
Aún hoy me escondo a fumar,
porque sé que aunque se crezca,
siempre hay alguien que vigila.
No pretendía volver
pero me siento en esa mesa a donde acuden,
en menos de un año, cuatro muertos.
No es increíble que la muerte se haya molestado en recordarnos.
No pretendía volver y sin embargo
una llamada, un noticiero, algún periódico
me traen de vuelta a la masacre
y camino hacia una hora menos en el tiempo.
No pregunté por qué allá siempre es verano,
nacíamos con él en la mirada y sin embargo
un temporal de oscura gracia nos seducía.
No pretendía volver, pero no basta pretenderlo,
el verano emana de mí y todos los caminos se tuercen en su polvo,
toda esa es luz es un puño que se rompe en mi memoria.
* * * ** * * * ** * ** * * * * * * Voy a darle vuelta a la página de los incendios,
a levantar la pluma de esta hoja que la luz ha despertado,
a oscurecer con un golpe de mano esta flama que se consume a sí misma.
Voy a quedarme quieto.
Voy esperar la estación de nubarrones y mañanas frías.
Voy a guardar silencio.
Francisco Hilario Saavedra Barrios. Nacido en Paraguay, el 21 de octubre de 1963. Participante y ganador de premios y menciones en importantes concursos literarios.
De los que se han ido pero siguen presentes
Sobre el pedestal temblando
de rojos atardeceres.
Se avista la mirada que busca
y se agrietan los sueños
¿Será el destino, será la aurora?
O el silencio que sucumbe y cae
y tiñe de olvidos que no llegan.
No sé si la mañana se hizo lágrimas
de rocíos que lamen mi lengua.
Hoy mis ojos avistan lejanías.
Hoy todo se hace carne.
Aún los diminutos segundos
que blasfeman misericordias.
Ponme un clavel blanco a mis alas
y perfuma el recuerdo que trae.
Y cuando te hagas presente,
desde el vacío.
Dame el abrazo que nunca diste.
Sé de mis recuerdos...
Esa luz que persiste y alumbra.
La respuesta.
Siempre estás donde la aurora
y alumbras con rayos de ternura.
Recorres los días del silencio,
y regresas al principio...Cuando llegas
al final
siempre estás.
Cerca o lejos no importa
sólo la loca osadía de enamorarse,
hasta los ángeles expanden sus alas
y regresas al principio cuando llegas...
al final
siempre estás.
Hasta los sueños que no soñamos
cuando contando los rayos de la luna
descubres el manto negro del rostro
y regresas al principio cuando llegas...
al final
siempre estás.
Donde la aurora revive cada día
tan cerca de los dedos blancos
y te escurres hacia la nada, eterna
y regresas al principio cuando llegas
al final
siempre estas.
Analogía (poema)
Quebrada la historia eterna, circular
que recorre el destino con rodeos
desquebranta la aurora aún boreal
la jubilosa ansiedad de mis anhelos.
Mi sangre corre cual bravío río
en un caudal interno, furioso, violento
palpita al corazón tan vivo
y siento que soy torrente, luz de rayo...
Y no existe el miedo.
Soy del horizonte donde nace el día,
ese primer rayo de sol reluciente.
Del mar soy la ola que encrespa en la roca
y el sonido errante del viento en el cielo.
Soy el misterioso secreto infinito
de todas las ciencias, de todos los tiempos,
la razón inquieta que surge en silencio
dándole la forma al homo sapiens místico.
Soy esa callada frase, que profunda,
nace en el cerebro, personaje inquieto,
y aunque la palabra con toda su magia
no le ha dado forma, materia en el viento,
y cuando lo haga, como nace un sueño,
con luz renovada parirá otro cambio.
Y soy la esperanza, el esfuerzo mismo
voluntad que afirma el dulce reencuentro.
Soy un abrazo de ese tibio amigo
y el beso que falta para salvar al mundo.
En fin, hoy soy lo que nunca he sido
soy yo con mi cuerpo, mi corazón,
mi fin, mi principio.
en otras palabras...Hoy me siento vivo.
Regalo (poema)
Desde el cielo remonta, una estrella
tímida luz que en la aurora nace y muere
se hace grande y brilla solitaria con la luna
sobre el páramo de inciertas lejanías
Es tan solo una luz que despierta el vasto cielo
una lejana canción de errante, armonía
que entibia la frialdad de la noche fulgurosa
y mi alma gozosa baila en su cadencia
Y la única razón que impera en el momento
es saber que existe una estrella y este cielo
y la luna con su rostro melancólico
da las gracias con un rayo misterioso
No, no es la estrella ni es este cielo que remonta
no es la luna, ni la gracia de esta imagen silenciosa
la que expande el corazón que late y grita
y en su grito yace el cielo, errante y mágico.
Y la miro...
y la tomo..
y se me ocurre darle nombre
y la llamo, esperanza que alimenta
la adorno con luces de mis ojos y la hago bella
y la sedo empapada de sonrisas
Pero pienso, y esto no me alcanza...
la bautizo como a un niño que clama por un nombre
y la llamo amor de aquel que no quiere más tristeza
y te la sedo, te regalo la única luz que hay en mi aurora
para que hagas con ella lo que tu quieras…
Poema doloroso
(A mi hermano que lucha por la vida contra viento y marea)