sábado, 30 de enero de 2010

Poema de María del Mar Estrella. Argentina.

María del Mar Estrella. Argentina. Docente, cantante y poeta de reconocimiento internacional. Ha publicado varios libros, entre ellos Juglar, 2005, declarado de interés nacional por el Consejo Deliberante de Mar del Plata, Argentina. Fuegos ceremoniales, 2007. Segundo premio Fundación Argentina de Poesía.

Hacia un país de lágrimas sin nombre.

Coral.

Pido valor, hermanos

Esta es la vida que nos duele tanto.

Este terrible tiempo de acribilladas rosas

donde el odio reduce la esperanza.

Las latitudes tiemblan y hay tifones de pólvora en el aire.

Esqueletos que giran al compás de los látigos

y botas que golpean las puertas de la carne.

Hay mundos que reclaman y hay mundos que deniegan

esclavos y verdugos... porque esta es la hora desigual

donde se deposita la miel rudimentaria.

Pido valor, hermanos.

pido que trabajemos lo que tal vez no vean nuestros ojos

pero sí los ojos de los hijos de los hijos...

porque en alguna sangre del después, estos sueños serán raíz

y fruto y oxígeno palpable de libertad recuperada.

con el canto de todos, en comunión reveladora.

(Del Libro IV Concurso Bonaventuriano de Cuento y Poesía)

lunes, 25 de enero de 2010

Poema de Juan Alberto Rivera Gallego. Colombia.

Juan Alberto Rivera Gallego - Colombia. Periodista y poeta, autor de cuatro libros de poesía: Conversaciones con la soledad, Territorio de mi voz, Casa de fantasmas e Instantes en la urbe. Labora como editor general en El Diario del Otún, periódico de la ciudad de Pereira, desde hace 11 años.

Aunque me pierda todo.

Ardí con tu recuerdo.

He estallado en pedazos por toda la ciudad para buscarte.

Muros

esquinas

calles

árboles

avenidas

parques

tejados

y ventanas.

Nada ha quedado al azar, pero no te hallo en esta búsqueda; los pedazos no quieren regresar a esta piel, no me armo, la soledad clama que la búsqueda no sea infructuosa, que te halle aunque me pierda todo.

Un cuarto lánguido de alfombra vieja. Dos camas para un

cuerpo solitario. Una mesa de noche que me habla desde la infinita soledad de

su encierro. Tres espejos me observan desde costados que no me conocía.

Mi maleta de sueños apagada y el frío enmarañado tejiendo su rutina en mi ser.

Un cuarto lánguido de alfombra vieja aterrado por la fuerza de tu recuerdo porque no estabas... y estabas. Así que para soportar esa noche de acero te guardé bajo mis ojos. La oscuridad que a esa hora llegaba a visitarme guardó silencio para una lágrima de hombre que calcinaba mi cicatriz de soledad. Ardí con tu recuerdo...

Voy a amarte esta noche, toda, en cada uno de sus pliegues oscuros, en sus sombras, en sus sonidos guturales, en cada sueño del mundo, en cada playa donde duerme el mar, en los ojos cerrados que iluminan fantasías, en los latidos del corazón que te habita, en la hojas que hablan con la noche, en los recuerdos que pacen en tus labios, en los pasos que a esta hora te recorren imaginaria en la urbe, en tu ropa que guarda el aroma de tu piel. Voy a amarte esta noche, toda, hasta que desaparezca en tus gemidos, en tus besos, en tus manos, hasta que hagas de mi un fantasma, un acorde, barro, canción, risa y destino.

Esta noche de estaño y amatista no halla el candil que reposa tu fuego para derretir el frío de tu ausencia. Parece que el aceite que lo alimenta salió a buscarte en la urbe helada y se perdió él mismo. Parece que la llama no encendió de tristeza. Parece que perdió su asa que lo ataba a estas manos. Parece que crujió su débil elemento de aluminio en su lucha contra la oscura presencia de tu lejanía. Esta noche de hierro frío te lleva a cuestas mientras la soledad sueña con el candil de tu presencia.

Se la llevó el domingo a las seis como si nada dejando esta urbe que me crece adentro solitaria y carcomida en su brevedad de apenas horas, y me desarma el alma la certeza de su lejano cuerpo en infinito. ¿Cómo ir por estas calles transeúnte deshojado y silente? Se la llevó como si nada, como si no perteneciera a nadie, a la fuerza arrancada de esta sangre. Queda la ciudad sin su sonrisa.

(Del Libro IV Concurso Bonaventuriano de Cuento y Poesía)

viernes, 15 de enero de 2010

Poemas de Álvaro Ruiz Fernández. Chile.

Álvaro Ruiz Fernández. Chile. (1953) Libros publicados: Dieciocho poemas, Santiago, 1977. A orillas del canal, Santiago, 1982. Es tu cielo azulado, Santiago, 1989. Casa de barro, Santiago, 1991. La virgen de los tajos, Plaquette, editorial del Instituto Oaxaqueño de las Culturas. Oaxaca, México, 1995. La virgen de los tajos, versión completa, Mosquito Editores. Santiago, 2001. Poemas del sol, ediciones de la ilustre municipalidad de La Serena, 2007. La calabaza del diablo, Santiago, 2003. Poesía chilena desclasificada, Editorial Étnika, Santiago, 2006. Poéticas de Chile, Editorial Étnika, Santiago, 2007. El lugar de la memoria, poetas y narradores de Chile, Editorial Ayún, Santiago, 2007. Antologías: Nueva York 11, poesía chilena, Editorial Galinost, Santiago, 1987. Cartas al azar, Ediciones Ergo Sum, Santiago, 1990. Muestra de literatura chilena, Congreso Internacional de Escritores “Juntémonos en Chile”, SECH/PRED, Santiago, 1992. Veinticinco años de poesía chilena, Editorial Fondo de Cultura Económica, Santiago, 1996. Viven, periplo de los poetas de Chile, Ril Editores y Consejo Nacional del Libro y la Lectura, Santiago, 2002. Vagabundos de la nada, Editorial Caligrafía Azul.


Poema de la gruta.

Heme aquí en la gélida gruta

donde el sol es la puerta

que alumbra los primeros escalones

que descienden a este suelo de piedra

donde el primer hombre bendice al último

en la oscuridad que antecede a la luz.

Me alimento de filtraciones y musgos incoloros

y recorro el universo palpando los muros

que llevan a otras situaciones primeras

como el de la mujer deseando subir

los peldaños que llevan al horizonte

curvo de la vida y la recolección.

Yo he querido guarecerme abajo

grabando las primeras escenas del hombre

sobre las rocas de este altar

con tintes de sangre y sacrificios violentos

de hombres que alzaron el vaho

hacia el cielo de una noche sin astros.

De una noche en los oscuros bosques

donde los troncos del alma suben al cielo

mucho antes de que Prometeo nos diese el fuego

que iluminó los rostros y alejó las sombras

de nuestra auténtica superstición que era

un dios oculto y vengador.

Encendí antorchas en cada cueva

y en la original enfermedad de seguir a la mujer

subí a la pradera y depredé a mi alrededor

de todos los metales fabriqué distintos cuchillos

los que utilicé en el degüello de animales

con cuyas pieles me cubrí.

Todo lo restante lo dice el entierro del pasado

voces de otros hombres que vieron el sol

que sumaron, adoraron y murieron

largándose en una barca aritméticamente abstracta

hacia el centro de la memoria

en un régimen axiomático gobernado por las dudas.

Que por antonomasia son exactas

ya que la regla elude la confirmación

y el universo que es trastorno continuo

alumbra indistintamente los dos hemisferios

en la idea de una deducción a la velocidad de la luz

ausente en los prados inmediatos del color.


Monterrey.

Este es el Monterrey de los soles inmensos

agujas de fuego caen desde el cielo

traspasan al hombre de las veredas

en un mar de ondas calóricas

líneas tenues que reverberan desde el pavimento

y suben al cerebro distorsionando el paisaje

que son cerros metálicos o espejos desérticos

donde uno puede observar los hornos de una fundición

en una niebla de vapores que nada envidia a los infiernos

de ser traslación detenida

sobre el eje de la demencia que otorgan los grados.

El sol está en lo alto como un águila sobrevolando en círculos

gira sobre la ciudad y sobre las cabezas alucinadas

por fiebres ardientes de sol en las sienes

sienes que envían señales de fuego

al cerebro astro de dos hemisferios

en uno hierven recuerdos y en el otro se evapora el presente

y ambos síntomas los toma el sol para sí

ya cual dios insatisfecho

que propugna un calor que quema la tristeza

así sana al hombre y lo enloquece

con quimeras, espejismos y horizontes que no existen.

Entonces la realidad se revierte

se transforma en imaginaria

y la línea entre ambos conceptos desaparece

dame una sol para ceñirme una corona

dame ambas cervezas para aliviar la sed

de éste sol que es real

como el vuelo de aquellos barcos por el cielo

los caminantes bajo el sol hablan sucintamente

dicen a primeras verdad o mentira

¡qué importa!

las palabras tienen connotaciones inmediatas

no hay tiempo bajo el sol

las sombras nos esperan

no malgastemos los minutos

cuando las agujas de fuego caen desde el cielo

sin piedad sobre la piel quemada por los días

bajo el sol implacable de éste calendario detenido

horas después del mediodía.

en las noches sin luna aúllan los coyotes

porque el sol se ha marchado hasta de su espejo

no está en ninguna parte

entonces los coyotes lloran y lamentan

la ausencia del sol

y la hora de Greenwich calla

cuando sólo se oye el viperino silbido

de las cascabeles arrastrando la infamia

de una noche sin luna.

Bajo las brasas del sol

transpiran los cuerpos de hombres y mujeres imantados

donde el salino y fosforescente sudor

despierta en ellos la lascivia salvaje de la copulación

se unen las lenguas y las salivas

como una planta que se abre bajo el sol

llena de secreciones y transparentes microcosmos

donde pequeños planetas danzan alrededor de otro sol.

Es así el sol de Monterrey

las agujas de fuego

atravesando las sienes de sus habitantes

afiebradas realidades a orillas del río Santa Catarina

que más que agua muchas veces trajo sueños

en el paisaje del cactus y de la piedra

al norte, siempre al norte de la realidad.


Tehuantepec.

Bajo los sones de los músicos

y sus instrumentos salvajes

de viento y golpes de percusión

un grupo de mujeres

con coloridas vestimentas y flores en sus cabezas

danzan en Juchitán de Zaragoza

geográfica cintura mesoamericana

en pleno istmo de Tehuantepec

y la brisa que une a los océanos

Quedamente levanta sus vestidos

al compás cadencioso

de un ritmo en las caderas

con fulgor en los ojos

y blancos dientes perfectos.

La música, arrítmica, corta y divide el tiempo

en dos, en tres, en cuatro

bajo los sones de los músicos

y sus instrumentos salvajes.


El árbol de la soledad crece en un paraje abandonado de la suerte de la fertilidad. Al poeta Jonás.

Ahí está el árbol

no lo toquéis

ahí está el hombre

con ramas bajo el sol

y sombras que lo cruzan

como una cebra salvaje

que galopa perdida

hacia el horizonte de la infamia.

Mentiremos con los ojos cerrados

y en la oscuridad diremos

que en el cielo no había estrellas

ni hombres ni árboles en la tierra.


De “un hombre solo en una casa sola”.

A Jorge Teillier.

No fuimos capaces de incendiar la casa

reducirla a cenizas

e irnos a los bosques

sin miedo

Tarareando viejas canciones irlandesas

como aquella del marinero borracho

shanties extraídos de viejos cancioneros celtas

por los caminos polvorientos del estío

por alamedas que llevaban a la plaza del pueblo

donde las muchachas pretendían tu corazón de alondra

ahora cubierto por un frío bolsillo depositario

de estampas y angelicales medallas protectoras

en un bar de la calle Nueva York.

Con la misma canción aquella en el oído

¡qué vamos a hacer con el marinero borracho!

cruzando los brazos sobre la mesa de un otoño en la ventana

con toda la oblicuidad de la luz en el rostro.

martes, 15 de diciembre de 2009

POEMAS DE MIJAIL LAMAS – MÉXICO.

Mijail Lamas (Sinaloa, 1979). Poeta, traductor y crítico. Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad Autónoma de Sinaloa. Becario de la Fundación para las Letras Mexicanas de 2005 a 2007. Ha publicado poesía y crítica en diferentes revistas y suplementos culturales del país. Una muestra de su poesía aparece en las antologías Los límites acordados: ocho poetas jóvenes sinaloenses (Difocur,2000); 1979. Antología poética (Ayuntamiento de Culiacán) y en la muestra latinoamericana del encuentro El vértigo de los aires. Ha publicado los libros de poemas Contraverano (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2007) y Cuaderno de Tyler Durden seguido de Fundación de la casa (Ediciones sin Nombre, 2008). Ha traducido poemas de Luis Vaz de Camões, Cesáreo Verde y Mario de Sá Carneiro, así como prosas de Carlos Drummond de Andrade. Es director de producción de PÁRAMO ediciones.

DEL LIBRO CONTRAVERANO.


No quisiste quedarte.
No quisiste aprender cómo quedarte.
Quedarte resignado a beber toda la luz que nunca muere.
De tal modo que el recuerdo te soborna,
te hace dudar hasta llevar tus manos a tocar lo que no tienes.
Para tocarlo primero hay que saber decirlo, decirlo muchas veces.
Mucho tiempo has pensado destejer, una tras otra,
las tramas que se te van enredando entre los dedos.
Mucho tiempo quisiste enumerar cada partícula de polvo, cada capa de tristeza,
enumerar también cada puñetazo de la frustración,
cada truco para engañar el mediodía que te cortaba en sombra la figura.
Pero no puedes y te llevas una mano a la cabeza
y descubres que en ese recuento
hay una imagen que tienes de ti mismo y te es extraña
que sólo en sus contornos y a lo lejos, apenas en su sombra,
podrías reconocer.
Hay algo que ahora te detiene.
Has dicho demasiado y te has metido en un problema.
El añejo dolor que te conserva despierto y a la sombra
guarda para ti un sentimiento de revancha.
No puedes avanzar lo que quisieras,
el desierto que pretendes recordar se vuelve más extenso.

* * * * * * * * * * * * * * * * *
Lo que antes fue desierto aún persiste
y en unas cuantas líneas crees recuperar todo de nuevo,
recuperar aquel paisaje donde el verano cumplía su destrucción inapelable.
Pero hay algo diferente,
las calles que recuerdas tienen zanjas más hondas,
las paredes de las casas tienen grietas como relámpagos de piedra.
Crees que puedes volver a llenarte de polvo los bolsillos,
crees que puedes patear lejos de aquí remordimiento, rabia y rencor
como si de cosa pequeña se tratara.
Crees que puedes volver y una sensación de sequía en tu garganta te sorprende.
Te sorprende también aquella disposición al cariño que justificaba cada golpe,
aquella sensación de no sentirte solo sin creer que dios te vigilaba.
Y pronuncias en voz baja
una blasfemia que solamente a ti te reconforta.
¿O es qué todo lo que has dicho no deja de ser una conjetura
o una ávida reconstrucción de los hechos
o una manera de legitimar una mentira,
porque eres otra presa del olvido
y herido por el sol en el costado,
se han calcinado todos tus recuerdos?
No hay nada,
te cuesta trabajo creer que no hay nada.
Regresas para buscar en ti algo que permanezca
y compruebas que lo único palpable que posees,
ahora que ya es tarde y tienes sueño,
es el cuerpo de una mujer que no puede dormir
y te espera en otro cuarto.
Dejas la pluma que habías tomado para escribir eso que no alcanzas a fijar,
apagas en silencio cada una de la luces de la casa
y el desasosiego no se extingue por completo.

Quisieras continuar pero ya es tarde.
* * * * * * * * ** * * * * * * ** * * * * * * * *

En soledad he aprendido a lidiar con la ceniza que han dejado los veranos.
De noche he aprendido a no dejar que mis palabras se consuman por el fuego.

Por este oficio de sombra
puedo soportar esta ciudad que llevo a cuestas.
* * * * * * * * * * * * * * * * * * **
Que el sol y su recuerdo no te tuerzan los labios,
su amargo madurar escupe aquí.
Deja que su aguijón cante para los otros
la luz de su ponzoña.
* * * * * * * * * * * * * * ** * ** * *
No hay nada como estar lejos,
caminar las calles donde nadie te conoce.
Es bueno no causar ninguna impresión,
a lo mucho verán en ti,
cuando vienes a sentarte en la mesa de un café
a otro más que pierde el tiempo.
Aquí todos se ocupan de sus cosas,
así que no existes para nadie.

Y cuando crees encontrar reposo en el anonimato
hace falta que un rayo de luz toque tu vaso de agua para que estés alerta.
Hay una marca en esa luz que te recuerda de dónde vienes,
una señal que te advierte no olvidar que te persiguen
y que el verano ha de recorrer una a una las ciudades
para encontrarte.

Sabes que para ti ya no hay descanso,
que la condena es esa luz que todo lo somete,
que ha convertido tu cuerpo y tu memoria en una herida,
en una profunda quemadura.
* * * * * * * ** * * * * * * * * * * * * *
Vienes a tomar posesión del desencanto,
a estrujar hierbas marchitas,
en esa tierra que se desmorona entre tus manos.
Vas quebrando los vidrios de tu desesperanza
pero en su lugar levantan muros.

Has venido a pelear una guerra perdida
en una tierra desolada no hace mucho.

Has querido recuperar anhelos que el sol ha consumido,
cuartos que guardaban para ti la oscuridad
o aquella sorda luz de los altares.

La áspera desolación de los caminos
es la forma en que tu alma se dirige al encuentro de su ruina.
Todo lo que buscas está lleno del polvo
que cubre la verdadera imagen que tienes de las cosas.

Te aferras a reconstruir un paisaje
y ese oficio que te aparta de la luz,
esa arquitectura del desastre,
es otra manera de mantenerte a flote.
* * * * * * ** * * * * * * * * * * * * *
La fiebre es el verano del cuerpo,
deja quebrado el árbol que nos mantiene en pie
y hace nacer una flor de sangre entre los labios.
* * * * * * * * * * * * * * * ** * * * *
Aquí siempre es verano
aunque nos digan que las estaciones llegan y el año acaba.
Allá siempre es verano
lleno de voces y plegarias no atendidas.

No pretendía volver o que el verano fuese el paraíso,
ni siquiera ser la piel del sol abatida en los cristales.
Pero he caminado las calles,
he fundido mis suelas en sus banquetas
y cobrado una cuota de sol como la infamia.

No pretendía volver y sin embargo
mis ojos van al encuentro de esos días de enseñaza y de golpiza.
Aún hoy me escondo a fumar,
porque sé que aunque se crezca,
siempre hay alguien que vigila.

No pretendía volver
pero me siento en esa mesa a donde acuden,
en menos de un año, cuatro muertos.
No es increíble que la muerte se haya molestado en recordarnos.

No pretendía volver y sin embargo
una llamada, un noticiero, algún periódico
me traen de vuelta a la masacre
y camino hacia una hora menos en el tiempo.

No pregunté por qué allá siempre es verano,
nacíamos con él en la mirada y sin embargo
un temporal de oscura gracia nos seducía.

No pretendía volver, pero no basta pretenderlo,
el verano emana de mí y todos los caminos se tuercen en su polvo,
toda esa es luz es un puño que se rompe en mi memoria.
* * * * * * * * ** * * * * * * * * *
Voy a darle vuelta a la página de los incendios,
a levantar la pluma de esta hoja que la luz ha despertado,
a oscurecer con un golpe de mano esta flama que se consume a sí misma.
Voy a quedarme quieto.
Voy esperar la estación de nubarrones y mañanas frías.
Voy a guardar silencio.

Derechos reservados de autor © MIJAIL LAMAS – MÉXICO

sábado, 12 de diciembre de 2009

Poemas de Francisco Hilario Saavedra Barrios. Paraguay.

Francisco Hilario Saavedra Barrios. Nacido en Paraguay, el 21 de octubre de 1963. Participante y ganador de premios y menciones en importantes concursos literarios.



De los que se han ido pero siguen presentes

Sobre el pedestal temblando

de rojos atardeceres.

Se avista la mirada que busca

y se agrietan los sueños

¿Será el destino, será la aurora?

O el silencio que sucumbe y cae

y tiñe de olvidos que no llegan.

No sé si la mañana se hizo lágrimas

de rocíos que lamen mi lengua.

Hoy mis ojos avistan lejanías.

Hoy todo se hace carne.

Aún los diminutos segundos

que blasfeman misericordias.

Ponme un clavel blanco a mis alas

y perfuma el recuerdo que trae.

Y cuando te hagas presente,

desde el vacío.

Dame el abrazo que nunca diste.

Sé de mis recuerdos...

Esa luz que persiste y alumbra.



La respuesta.

Siempre estás donde la aurora

y alumbras con rayos de ternura.

Recorres los días del silencio,

y regresas al principio...Cuando llegas

al final

siempre estás.

Cerca o lejos no importa

sólo la loca osadía de enamorarse,

hasta los ángeles expanden sus alas

y regresas al principio cuando llegas...

al final

siempre estás.

Hasta los sueños que no soñamos

cuando contando los rayos de la luna

descubres el manto negro del rostro

y regresas al principio cuando llegas...

al final

siempre estás.

Donde la aurora revive cada día

tan cerca de los dedos blancos

y te escurres hacia la nada, eterna

y regresas al principio cuando llegas

al final

siempre estas.



Analogía (poema)

Quebrada la historia eterna, circular

que recorre el destino con rodeos

desquebranta la aurora aún boreal

la jubilosa ansiedad de mis anhelos.

Mi sangre corre cual bravío río

en un caudal interno, furioso, violento

palpita al corazón tan vivo

y siento que soy torrente, luz de rayo...

Y no existe el miedo.

Soy del horizonte donde nace el día,

ese primer rayo de sol reluciente.

Del mar soy la ola que encrespa en la roca

y el sonido errante del viento en el cielo.

Soy el misterioso secreto infinito

de todas las ciencias, de todos los tiempos,

la razón inquieta que surge en silencio

dándole la forma al homo sapiens místico.

Soy esa callada frase, que profunda,

nace en el cerebro, personaje inquieto,

y aunque la palabra con toda su magia

no le ha dado forma, materia en el viento,

y cuando lo haga, como nace un sueño,

con luz renovada parirá otro cambio.

Y soy la esperanza, el esfuerzo mismo

voluntad que afirma el dulce reencuentro.

Soy un abrazo de ese tibio amigo

y el beso que falta para salvar al mundo.

En fin, hoy soy lo que nunca he sido

soy yo con mi cuerpo, mi corazón,

mi fin, mi principio.

en otras palabras...Hoy me siento vivo.



Regalo (poema)

Desde el cielo remonta, una estrella

tímida luz que en la aurora nace y muere

se hace grande y brilla solitaria con la luna

sobre el páramo de inciertas lejanías

Es tan solo una luz que despierta el vasto cielo

una lejana canción de errante, armonía

que entibia la frialdad de la noche fulgurosa

y mi alma gozosa baila en su cadencia

Y la única razón que impera en el momento

es saber que existe una estrella y este cielo

y la luna con su rostro melancólico

da las gracias con un rayo misterioso

No, no es la estrella ni es este cielo que remonta

no es la luna, ni la gracia de esta imagen silenciosa

la que expande el corazón que late y grita

y en su grito yace el cielo, errante y mágico.

Y la miro...

y la tomo..

y se me ocurre darle nombre

y la llamo, esperanza que alimenta

la adorno con luces de mis ojos y la hago bella

y la sedo empapada de sonrisas

Pero pienso, y esto no me alcanza...

la bautizo como a un niño que clama por un nombre

y la llamo amor de aquel que no quiere más tristeza

y te la sedo, te regalo la única luz que hay en mi aurora

para que hagas con ella lo que tu quieras…



Poema doloroso

(A mi hermano que lucha por la vida contra viento y marea)

Cúbranme los ojos, que no quiero verlo

Duerman mis sentidos con cinco amapolas

Apaguen los cielos de estrella fugaces

y dígale a todos que mi alma ha muerto.

Es que la osadía de estar tan despierto

congoja mi pecho que sigue entreabierto

y galopan latidos con ritmo de ciegos

en las latitudes donde el sol adormece.

Cambien llanuras por suelos resecos.

Que callen las aves su canto de cielo.

Que nada sea hermoso, que mueran las flores.

No quiere canciones prefiero silencios

Es que las rosas ya no perfuman

y la historia triste se hace en el pecho.

Cúbranme la boca con todos los vientos

dolor que florece y se hace estiércol.

Hoy guardo en mi cielo nubarrones negros

y no quiero luces, solo sombras y miedo.

Les pido que callen los sabios consejos

que la nada pura abarque mis sueños.

Hoy no quiero alas, quiero pies de hierro

es que este dolor hizo en mi su lecho.

Cúbranme los ojos que no quiero verlo

Que las flores muertas cubran mi pecho

hoy siento que pierdo razones de miedo,

y quiero que sepulten conmigo mis sueños

y por cierto hoy todo es negro muy negro,

hasta las amapolas perdieron su secreto.

Y todo esto por qué?

Porque la vida, la historia, y todo me dicen

con palabras sordas que podrías marcharte

y contigo se marcharían no solo tu vida

sino también la vida mía... y yo muero

por eso cúbranme los ojos... que no quiero verlo.


****************



Se desgarra, se desgarra

el corazón late penas

con un sordo grito se ahoga

y se desgarra.

Se desangra, se desangra

la carne abierta se derrama

sobre el filo de la soledad.

No, no grites, no hay furia

sólo el deceso de un momento.

Thanatos, amor de lo obscuro

amante de las noches tormentosas

meces en tus manos huesudas y blancas

mi cabeza cansada y somnolienta.

Se desgarra en silencio se desgarra

cada sueño que nunca llegó a buen puerto.

¿Y si apoyo mi cabeza en tus faldas?

que no están y nunca estuvieron.

Quizás por fin sienta descansos, en el silencio

que abre de soledades eternas

quizás por fin tenga algún sentido

el abandono del que todo yace.

Es negro el amanecer de mis inviernos

es fría la caricia que no llega.

No hay amor, solo silencio.

Y un corazón, lleno de angustia ... espera

Y mientras espera se marchita.

Thanatos amor de nadas tristes

toma mi corazón y devóralo

hasta que no quede más que un recuerdo...

Y ni siquiera eso.